Un hijo zapoteco


Tantas cosas para escribir, que no sé ni como comenzar… pero, prefiero comentar las bendiciones que la vida me ha ofrecido… porque hablar de mis retos, desdichas o problemas sería hablar de cada estrella en el cielo.

“Quiero hablar de mi hermosa Eufemia Domínguez…”Mi diosa zapoteca,” la mujer que me ofreció vivir. Gracias a su esfuerzo, su lucha y sacrificios soy quien soy.”

Ella nació en 1935, no terminó la escuela por traviesa y por el consentimiento de mi abuelo. Creció en la ciudad de Oaxaca y fue comerciante; este oficio le ayudo a viajar y conocer el estado. A una edad muy joven, se pudo sostener a si misma y ayudar a su familia –sus padres y hermanos.

Mi abuelo la casó muy joven; y fracasó su matrimonio en menos de una semana. Luego ella decidió casarse y no duro mucho el segundo compromiso; pero mi hermana Caty nacio. Pero igual este matrimonio no sirvió por los pleitos, la violencia doméstica, el alcoholismo, y los celos y que esta persona la controlara.

Años después, se casó con mi padre y tuvieron cinco hijos… pero mi padre murió y la dejó viuda, pobre y con un mar de problemas.

Este evento causó la separación total de mi familia, abuelos, tíos, primos y hermanas. Mis dos hermanas mayores se fueron a un internado; cuatro de nosotros terminamos con mis abuelos; y mi madre… migra a la ciudad de Los Ángeles.

Tenía seis años cuando llegué a California, indocumentado y perdido, y desde entonces he tratado de luchar para salir adelante. Hoy, todas mis hermanas son ciudadanas, dueñas de sus propias casas y muy trabajadoras; yo mismo no puedo creer mis logros y el cambio que he podido causar…

Mi madre sigue triunfando y ha podido ver a su cuarta generación… sus bisnietos americanos y por amor a ella, he podido lograr mis titulos, profesión, casamiento, tantas y tantas cosas que son posibles gracias a sus sacrificios.

 

El cronista Pedro Reyes escribió, “Soy de “OaxaCalifornia” de familia zapoteca; tengo cinco hermanos, cuatro hermanas y mi madre de setenta y nueve años. Estoy casado con una bella mujer mixteca quien es mi “Esperanza”; también he sido activista comunitario toda mi vida. Mi sueño es publicar libros.” Pedro Reyes redactó esta historia durante el taller Líderes Campesinas: Sembrando el Futuro, realizado en Greenfield, California

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