Historia sin título


No sé cuál es el comienzo de mi historia ni dónde comenzar. No sé cuál es mi historia. Trabajo con la gente, con inmigrantes, con gente que batalla con la pobreza y que no tiene mucha educación, y me pregunto por qué, por qué me importa y algunas veces me pregunto si en realidad importa. Creo que sí. Algunas veces cuando estoy ocupada trabajando y se me olvida tengo que tomar un momento y echar un vistazo para recordar que me importa. ¿Por qué me importa?

De niña fui a una escuela alternativa que creó conciencia en mí y me hizo ser conciente; que me enseño a pensar, a cuestionar, y adquirí el hábito de cuestionar todo lo que siempre ha dado lata. También me enseñaron que ‘pensar’ iba a ser un problema en la vida.

“Fue algo bueno que era pequeña y que todo eso me sonaba a una aventura.”

Tuve el privilegio de estar ahí y también tuve el privilegio de pertenecer a una familia donde tuve todo lo que necesitaba. Nunca pensé que era pobre o rica, sino que estaba cómodamente. Tuve la suficiente fortuna de ir a la universidad, a una buena universidad, a un programa en el que conocí a personas brillantes. Algunos muy ricos, algunos como yo, pero nadie era pobre. Y muchos de ellos eran extraordinariamente brillantes. Tuve la oportunidad de hacer una carrera en un campo deseable en el que no tendría que luchar demasiado por algo.

Sin embargo, algo me faltaba. Algunos de mis amigos en ingeniería eran muy concientes socialmente, muy críticos del mundo y muy brillantes. Algunos de ellos incluso estaban activos. Pero, otros no lo eran. Otros estaban más enfocados en su carrera, en el tema inmediato. Me di cuenta de muchas cosas ahí, como el descubrimiento de crear algo por mi misma, de algo que es muy difícil, algo que la mayor parte de la gente no puede lograr, el sentimiento de ser inteligente y mejor que otros, el sentimiento de pertenecer a un grupo seleccionado de personas por encima del promedio en el mundo y que son buenas personas. La gente que recuerdo de ahí eran casi todos honestos y cariñosos, una cualidad que no es fácil de encontrar en mi país donde la corrupción es la peste más grande que tenemos, que se está comiendo a mi país y cada pueblo en él. Nunca pensé mucho sobre lo que quería hacer o cómo quería hacerlo.

 

La cronista Mónica M. Segura-Schurtz es una mujer latina en St. Cloud, Minnesota. Me considero un líder y soy una persona no conformista que busca el equilibrio en el mundo. Trabajo para una organización sin fines de lucro (Catholic Charities). Me dedicó a la organización de comunidades de color y de inmigrantes recientes. Soy de Colombia, de las montañas y de los ríos de mi hermoso país.

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