Expansión


La pandemia de COVID-19 ha abierto un portal de sanación y conexión para aquellos que buscan entrar. Durante este tiempo, he viajado a lo profundo de mis pensamientos, de mi alma, para sanar a nivel físico, emocional, espiritual y molecular. Este tiempo ha traído valor e intencionalidad para abordar mis creencias limitantes junto con las historias que me he contado a mí misma sobre las personas en mi vida. Mis dolencias físicas, el dolor crónico me ha puesto de rodillas, empujándome a examinar el porqué de mi vida. Mi curación física es paralela a mi curación emocional y espiritual. Sé que están conectados. Este trabajo ha reforzado la idea de rendirse a “lo que es”, así como de renunciar a la idea de control. Alinearme con el flujo de la vida y permitir esta conexión divina dentro de mí me recuerda que estar quieta es la clave de todo. Hacer espacio en mi vida para estar quieta suspendiendo las distracciones externas del mundo produce una quietud que me conecta con mi conocimiento interno y mi intuición. Esta intuición me muestra el camino a seguir. También es una forma de escuchar a mi alma hablar.

“Este tiempo ha sido un periodo de expansión abriendo mi corazón al presente, al amor incondicional que me rodea y a la conexión con lo divino – recordando que soy divina.”

Esta conexión divina ha aumentado mi valor para abordar aquellas dinámicas dentro de mi familia que no eran todas positivas y amorosas. Reunir a mi familia para sanar ha sido el producto de la valentía. Mejorar nuestra comunicación, ser más amables, hablar de lo que necesitamos el uno del otro de forma honesta y amorosa ha supuesto una gran diferencia. Hemos crecido, hemos abierto nuestros corazones y somos más conscientes de nuestras palabras y tonos.

Si no soy yo, ¿quién? Como madre y esposa, quería que nuestra familia saliera más fuerte y más cariñosa y que se aceptara mutuamente y, aunque todavía estamos aprendiendo y creciendo, este tiempo sagrado nos ha permitido amarnos más. Y este viaje familiar también ha sido paralelo a mi propio viaje y crecimiento espiritual.

 

La cronista Angela Gallegos-Castillo es “Angela, Chicana, hija de madre/padres mexicanos. Constructora/Planificadora de la Comunidad en el Instituto Familiar de la Raza, de Redwood City, Ca.

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