Echándole ganas


Yo tenía mucho temor, mucho miedo en venir, sin embargo aquí estoy. El temor era por lo que una escucha de las demás personas, las noticias, miedo al escuchar, ¿no? pues en Estados Unidos esto, ve.  Como uno lo ha vivido, era por mi hermano que lo mataron. Entonces yo como que me hice de verdad temerosa, miedosa.  En Tejas mataron a mi hermano. Entonces como que ya hace muchos años de eso, que lo mataron, y yo parece que fue ayer. No se me olvida ni un momento mi hermano. Mi cuñado también lo mataron acá. Entonces yo nunca quería venir para acá por el miedo.

Pero, pues Dios me trajo aquí. Yo digo que yo lo tomo como un milagro. La mera verdad un milagro porque yo cuando venia no tenía miedo de nada. Cuando yo venía en el camino yo no tuve miedo de nada. No sentí miedo de nada. A pesar de que cuentan que pasan cosas en el monte, en el desierto. Bendito sea Dios yo llegué como un sueño. Le doy gracias a Dios que no me traume. No pensé nada. Llegué pidiéndole a Dios – Dios me lo consiguió. Solamente decía  -“Diosito ayúdame.”  Yo venía como si dormida. Yo me hacia la dormida para no ver y haciendo oraciones. Y llegué.

Pasamos por Arizona.  Yo venía de Salvatierra, Guanajuato. Veníamos con más compañeros que son conocidos. Teníamos un grupo. Veníamos a pues aventura.  Nada más a ver qué Diosito nos ayudaba, ¿verdad? porque yo quería ver a mi hija y ella me quería ver a mi y ya tenía muchos años sin verla. Entonces al ver las montañas era cuando me daba miedo y me acordaba de los restos que quedaban, los huesos de los muertos,  y entonces me entraba poquito el miedo y volvía de nuevo.

Entonces algo que si me hizo que me diera mucho temor era que ya estábamos casi acá y una avioneta de la inmigración pasa y nos avienta la luz y bueno rodeados o sea yo dije –“Ya nos atraparon” o sea yo creí –“Estoy atrapada.  Ya no voy a ver a Estados Unidos.”  Y se fueron y nosotros corrimos y nos metimos correando en una casa.  Yo triva  mi hijo de 14 años chico.  Entonces yo decía –“Yo traigo un ángel a mi lado. No debo tener miedo.”  A mí lo que me hizo fuerte fue la oración. Ponerme en las manos de Dios. Pero sí fue muy triste pasar todo ese desierto. Muy, muy triste. Yo no me acuerdo cuantos días eran. Ya van muchos años. Yo todavía estoy mala, con una espina. Esa espina nunca salió y va aquí marcada en mi pierna izquierda arriba del talón. Me caí y todavía me caía. Me asustaba medio de repente pero otra vez me volvía a levantar. Pero fue muy, muy triste. En verdad es muy triste no tener papeles y venir. Tantos que vienen que en verdad la miseria, la pobreza nos hace venir a este país a descubrir este país.

Cuando ya paso todo eso, fui feliz, feliz de ver a mi hija. De verla – feliz.  Tantos años de no ver a mi hija. Mi hija ya tenía entre nueve y diez años. Porque ahorita ya tengo ocho años aquí. Ya tiene muchos años m’ija que no puede ir para su país. Pero espero en Dios que tenga suerte y pronto se haga una reforma migratoria.

“Yo se lo pido por tantas personas que sufren, que vienen. Los que van apenas empezando y que tienen el reto de venir a conocer Estados Unidos.”

Ojalá se les conceda una reforma migratoria.  Principalmente para los jovencitos y sus futuros.

Me gusto Estados Unidos porque aunque yo haiga sufrido mucho. Yo sufrí unas decepciones muy grandes volteadas desilusionadas por las personas que yo trataba en mi trabajo. Yo trabaje en muchos trabajos y me trataron muy mal en dondequiera. Yo trabaje de cocinera.  Y pues unas experiencias muy tristes, muy dolorosas. Abusos, no nos daban tiempo para nuestros alimentos, gente muy aprovechada, en una ocasión me toco una persona que tomaba que me dejaba a la hora de que llegaba la gente para atenderla. Ella se emborrachaba y se quedaba allá tomada y yo acá con la gente haciendo pupusas, haciendo tortillas. En otro me golpearon. En otros lados me robaron. Humillaban a uno – lo traen corriendo a uno.

Fueron casi unos veinte trabajos y en todos esos lugares me pasaban cosas. Si no me pasaba una cosa me pasaba otra. Yo me sentía que estaba embrujada.  Me empecé a deprimir, bien feo, bien mal, de tantas cosas, lloraba mucho. Pedía que alguien me ayudara. Entonces a la vez  me sentía que no me quería ir,  porque ya empecé a saber noticias de México. Entonces yo me empecé a traumar más. Me sentía más triste. Decía – “Entonces donde voy a estar bien. Si no va ser en mi país que voy a ser feliz y tampoco aquí entonces ¿Que voy a ser?”

“Pensaba, -“Yo tengo que echarle ganas por mis hijos que me necesitan y están conmigo porque ellos están solteros.” Entonces por ellos me dio la preocupación.”

También me siento bien triste por la delincuencia aquí. Aquí se me echo a perder un hijo. Lo acaban de deportar porque hacia drogas.  Lo más doloroso que tengo ahorita es que m’ijo lo tenemos encerrado. Mi esposo fue a un centro de rehabilitación. Tuvo que ir a México a encerrarlo.  Lo encerraban. Se salía. Ya lo teníamos por tres meses. El dijo que ya estaba listo que ya estaba bien pero volvió a lo mismo. Andaba como un limosnero. Lo golpearon, lo abusaban y entonces mi esposo se desesperó. Lloraba de ver a m’ijo como andaba por allá. Pero ya estoy más tranquila. Ya lo encerraron. Estoy con mucha fe echándole ganas.

 

La cronista Gloria Fuentez es costurera y artista que ofrece sesiones gratis semanales de tejer y bordar para mujeres y niños en la biblioteca pública de Oakland. Ella creó su historia en el taller Compartiendo Historias de la Experiencia Latina de MiHistoria en marzo de 2014.

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